San Mina (Menas)

Mina era hijo de los cristianos Eufemia y Eudoxio, gobernador de Nakiyos que fue trasladado a África por las intrigas de su propio hermano. Al ver a los niños en el festival de Santa Maria en Attrib, su madre se conmovió por no tener hijos varones, y rogó al icono de la Virgen para que intercediera ante Dios. Una voz que dijo “Amén”, provino del icono. Por eso decidieron llamarle Mina (Menas).

A pesar de la temprana muerte de sus padres, Mina se superó hasta convertirse en un afamado gobernador que se vio obligado a dejar su cargo ante las persecuciones del Emperador Diocleciano contra los cristianos. Escondido en el desierto, Mina vio los cielos abiertos y a los mártires coronados con una voz que le decía: “Él que trabaja para el nombre del Señor Jesús recibirá estas coronas”.

En una ocasión, el gobernador de la región atribuyó una victoria militar a la intercesión del santo. Por tanto, ordenó que los restos fuesen devueltos a Alejandría para que fuesen venerados. No obstante, ningún camello quiso transportar los restos. Entendiendo la voluntad divina, el gobernador lo dejó donde estaba.

Ya en tiempos del dominio griego bizantino, el cordero de un pastor se curó milagrosamente al tocar agua del lugar donde estaba el santo. Al ver el milagro, el pastor la utilizó para curar a otros corderos, creciendo su fama hasta que el mismo Emperador de Bizancio envió a su hija enferma a curarse en ese lugar. Antes de llegar, la muchacha tuvo una visión donde San Mina le decía: “Preséntate temprano y cava en este lugar donde encontrarás mi cuerpo”. Cuando ella despertó, encontró al cuerpo del santo e inició la construcción de una iglesia el décimo quinto día del mes copto de Baounah.

Siglos después, cuando los árabes musulmanes conquistaron Egipto, la iglesia de San Mina quedó destruida hasta que en tiempos modernos, al Papa Cirilo VI se le reveló la ubicación original de la iglesia e inició la construcción de un monasterio en Mariut, que se ha convertido en centro de peregrinación.

La visión convenció al santo de entregarse a las autoridades y confesar el nombre de Jesús, por lo cual fue torturado y decapitado. A cambio de dinero, los soldados entregaron el cuerpo a su hermana para que lo llevase a Alejandría, ya que no pudieron incinerarlo a pesar de haberlo intentado durante tres días y tres noches.

Mientras navegaban hacia Alejandría, unas bestias del mar salieron del agua y atacaron a los pasajeros. Entonces, del cuerpo del santo brotó una flama que asustó a las bestias y las devolvió al mar. Al llegar a Alejandría, el cuerpo de Mina fue llevado por su hermana a la iglesia y cubierto con lienzos preciosos.

Muchos años después, cuando cesaron las persecuciones, San Atanasio tuvo una visión donde se le pedía que trasladara el cuerpo de San Mina al Lago Bayad, en el distrito de Mariut: “Éste es el lugar donde el Señor desea dar descanso al cuerpo de su querido Mina”.

2017-12-01T04:05:52+00:00